Human Rights Training Programme 2025: Salud Mental, Juventud y Derechos Humanos
- Daniel Felipe Barrera Aguilera
- 5 mar
- 6 Min. de lectura
En 2025 tuve el privilegio de participar, junto con un grupo de jóvenes admirables, en el Human Rights Training Programme, programa de formación gestionado por UN ETXEA -Asociación del País Vasco para la UNESCO- y financiado por la Dirección de Derechos Humanos y Atención a Víctimas de Eusko Jaurlaritza /Gobierno Vasco, una experiencia que transformó mi manera de articular tres dimensiones que forman parte central de mi recorrido personal y profesional: una mirada sobre la salud mental sistémica, comunitaria e interseccional; la investigación psicosocial y la incidencia en Derechos Humanos.
El eje central de esta gran experiencia fue claro desde el inicio, mantener vivo el cuestionamiento sobre: ¿qué se puede ver cuando analizamos la salud mental juvenil no como un problema o asunto individual, sino como una cuestión comunitaria y profundamente ligada con la justicia social y la garantía de los Derechos Humanos?
Como resultado, he participado en la elaboración conjunta de 5 documentos que que dialogan entre sí: tres memorias técnicas basadas en una encuesta de salud mental y juventud realizada entre diciembre de 2025 y enero de 2026 (usuarixs y profesionales del programa Trapezistak y jóvenes participantes del proyecto: 'Jóvenes que tejen territorio' de ECOCREA -Ecosistema Creativo-), un informe reflexivo sobre juventud y salud mental, y una contribución oficial al Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos -ACNUDH- en su estudio detallado sobre los efectos de los problemas relacionados con la salud mental en el disfrute de los Derechos Humanos por parte de las personas jóvenes.
Este proceso formativo, investigativo, reflexivo y de incidencia ha permitido algo fundamental: llevar las voces, inquietudes, propuestas y evidencias locales al debate, las reflexiones y conversaciones internacionales.
Escuchar primero: lo que dicen lxs jóvenes
La memoria técnica de la encuesta realizada a las personas usuarias del programa Trapezistak recoge las voces y percepciones de jóvenes migrantes que atraviesan situaciones de alta vulnerabilidad estructural.
Los resultados muestran con claridad que su malestar emocional no aparece en el vacío, sino que está profundamenta enraizado en sus condiciones de vida, las dificultades de su proceso migratorio y las experiencias de exclusión y discriminación.
Entre los hallazgos más relevantes, aparecen:
Una parte significativa de lxs jóvenes identifica la inseguridad administrativa como fuente constante de ansiedad e incertidumbre.
Se reportan experiencias frecuentes de discriminación y racismo, con un impacto significativo en su autoestima y sentido de pertenencia.
La precariedad laboral y la dificultad de acceso a vivienda generan preocupación sostenida hacia el futuro.
La existencia de barreras percibidas para acceder a servicios de apoyo psicológico asequibles y de calidad, especialmente cuando no hay recursos culturalmente adaptados.
Siendo así, lo que emerge no son únicamente “síntomas” aislados o puntuales, sino una experiencia emocional atravesada por la exclusión estructural.
De manera complementaria, la memoria técnica de de la encuesta realizada a los jóvenes participantes del proyecto: 'Jóvenes que tejen territorio' de ECOCREA amplía el foco y recoge la experiencia de jóvenes migrantes en un contexto más diverso, pero igualmente atravesado por incertidumbres estructurales.
Entre los elementos más destacados que reflejan sus voces y participaciones, aparecen:
La presencia de soledad no deseada, incluso en entornos formalmente conectados.
Dificultades en la identificación, expresión, regulación y comunicación emocional.
Alta preocupación por el futuro, especialmente en relación con la estabilidad económica y las oportunidades de realización de su proyecto vital.
Una demanda clara de espacios seguros de escucha y participación.
Las respuestas de estos jóvenes en su conjunto muestran que no todo el malestar es clínico o patológico, sin embargo, sí es real y contextualmente ajustado y legítimo. Sus aporten nos invitan a que nos preguntemos: ¿se están patologizando y medicalizando respuestas emocionales que, en realidad, son reacciones esperables, válidas y legítimas a un contexto social precario, inestable, competitivo, incierto, ecluyente y rudo?
Una mirada complementaria: la percepción de lxs profesionales
Ahora bien, la memoria técnica de la encuesta dirigida a profesionales del programa Trapezistak añade una dimensión fundamental. Desde su práctica cotidiana, estxs profesionales identifican:
Un aumento del malestar emocional vinculado a la incertidumbre administrativa.
Sobrecarga y presión derivadas de la complejidad de los casos y de los límites de recursos y del sistema que sostiene los programas de intervención.
La necesidad de más recursos especializados y coordinación interinstitucional.
La importancia de enfoques interculturales y comunitarios.
Conviene, por tanto, señalar algo esencial hasta aquí: la convergencia entre la percepción de lxs profesionales con las voces, percepciones, experiencias y preocupaciones juveniles. Esto demuestra que el sistema de apoyo reconoce las mismas barreras estructurales que señalan lxs jóvenes y refuerza una idea base: los problemas de salud mental de lxs jóvenes no son individuales, son sistémicos, comunitarios, estructurales y requieren de una aproximación interseccional y basada en la perspectiva de Derechos Humanos.
Un cambio de paradigma prioritario: el Informe “Juventud y Salud Mental”
Teniendo en cuenta lo dicho hasta ahora, el informe reflexivo, construido en conjunto con el grupo de jóvenes participantes en el Human Rights Training Programme 2025, articula el puente entre las experiencias y reflexiones empíricas y locales con los debates y preocupaciones internacionales.
Nuestra tesis dentro de este informe es clara: la salud mental es un derecho humano interdependiente de otros derechos. Por tanto, no puede reducirse al modelo biomédico ni a intervenciones exclusivamente individuales. Sin garantía del derecho a la salud mental no existe el ejercicio pleno de derechos como la educación, el empleo digno o la participación social y viceversa.
Subrayamos que la patologización automática de cualquier malestar emocional invisibiliza determinantes estructurales, sociales y comunitarios de la salud mental de todas las personas, pues la precariedad, la discriminación en todas sus formas y la violencia estructural impactan directamente en el bienestar emocional.
Por consiguiente, es esencial avanzar hacia modelos de comprensión, abordaje y acompañamiento en salud mental que sean comunitarios, preventivos e interseccionales que permitan poner de relieve que la salud mental lejos de ser un asunto meramente clínico o aislado a los consultorios, se convierte en una cuestión de justicia social y de responsabilidad pública, política y comunitaria.
De lo local a Naciones Unidas: contribución al ACNUDH
Todo este proceso formativo, reflexivo y experiencial nos ha llevado a la elaboración de una contribución para el ACNUDH en el marco de la Resolución 57/30 del Consejo de Derechos Humanos y en el llamado a la realización de un estudio detallado sobre los efectos de los problemas relacionados con la salud mental en el disfrute de los Derechos Humanos por parte de las personas jóvenes.
En este documento integramos las experiencias, buenas prácticas y evidencias recogidas en Euskadi; identificamos barreras estructurales que limitan el ejercicio efectivo del derecho a la salud mental por parte de las personas jóvenes, especialmente migrantes, y formulamos recomendaciones concretas a los Estados para garantizar servicios de salud mental de calidad que sean accesibles, gratuitos, interculturales y no coercitivos.
La presentación de esta contribución ha sido especialmente significativa ya que nos ha permitido trasladar realidades locales al debate internacional con el propósito de que se reconozca que las experiencias de lxs jóvenes migrantes y autóctonxs en Euskadi no son casos aislados, sino que están integradas en una compleja dinámica global de inestabilidad, incertidumbre y precariedad, pero también de resistencias, resiliencia, creatividad y recursividad.
Una convicción que se retroalimenta y fortalece
Haber participado del Human Rights Training programme 2025 no ha sido una experiencia únicamente formativa, ha sido una experiencia movilizadora y transformadora. Todo este proceso me reafirma en una convicción personal y profesional profunda: la salud mental no es solo una cuestión clínica, es una cuestión social, política, estructural, comunitaria, sistémica e interseccional y, sobre todo, es una cuestión de justicia social y de Derechos Humanos.
Este proceso me enseña que escuchar a la juventud no es un gesto simbólico o protocolario, es una condición necesaria y prioritaria para diseñar políticas públicas justas y ajustadas a los diversos y variados contextos en los que somos jóvenes actualmente.
Hablar clara, responsable y cuidadosamente de salud mental juvenil, a día de hoy, es hablar de precariedad, discriminación, inseguridad, inestabilidad, exclusión y desigualdad; al mismo tiempo que de resistencia, resiliencia, cooperación, creatividad, recursividad, confrontación y movimiento.
Queda más que claro, entonces, que no hay bienestar emocional y psicosocial sostenible en contextos estructuralmente injustos, y que no hay garantía efectiva de derechos sin garantía del derecho a la salud mental.









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